Valle de Ricote 2026

 


Empieza un nuevo curso, el de 2026. Algunos, a pesar de los años que tenemos, todavía estamos verdes en muchas cosas, aunque sí maduros en otras…
—¿He dicho Maduro?—. Vaya sorpresón al llegar a casa y ver en la tele el derrocamiento del dictador venezolano. Siempre me ha parecido un personaje “malo y oscuro” para su gente.

 

Pero dejemos las cuestiones políticas al margen, que nosotros tenemos nuestras propias cosas que contar. La mañana se presentaba hostil: la amenaza de frío intenso seguramente hizo que algunos compañeros se quedaran en casa o, al menos, modificaran sus planes por otros más cortos o a horas menos tempranas.

 

La primera noticia de la mañana para mí no fue la de Maduro, sino la de “Pinchetonin” —perdón si molesto—. Hablo de Toño Muñoz, nuestro nuevo compañero que, curiosidades de la vida, parece tomar el relevo de nuestro Antonio Muñoz, globero ilustre y ejemplar que este 2026 ha decidido abandonar el club. Desde aquí creo que todos le guardamos un enorme respeto y admiración, y siempre lo tendremos en el recuerdo. Por supuesto, nos encantará que venga cada vez que quiera; lo recuerdo en una de las últimas Top Globera que hicimos.

Como decía antes, Pinchetonin me dice:
—Tío, que tengo la bici pinchada, que no contéis conmigo.

 

Joooooder… Después de haber mostrado ilusión por la etapa me dio rabia que no viniera, así que le pasé mi ubicación en tiempo real y le dije que, si podía, se uniera donde fuera. Y sí, pudo: arregló rápido y se presentó puntual en el Palo McDonald’s. ¡Bien!

Allí estaba también Román, fiel a las salidas desde el primer día; un valor sólido sin duda en este aspecto. También estaba Espartaco, después de las fiestas. Por otra parte, un grupeto bueno, aunque con algunas faltas, como he dicho: unas sabidas, como la de Antonio Belmonte con sus cosas, y otras no, como la ausencia de Felipe y Esmeralda, que por segundo sábado se han quedado “en la cama”. Se comprende: con el frío, la cama se agarra a los cuerpos. Esto lo digo por entretener al lector, que luego ellos trabajan algunos sábados.

Salimos por la Ronda Sur charlando con Toño y dándonos cuenta de que el día iba a ser gris, pero gris plomo: sin rastro de nubes ni de azul, todo gris, como pintado a brocha. Y frío, bastante frío; de esos días en los que no dan ganas de quitarse el chaleco, el chubasquero o el abrigo que lleves.

Al llegar a la Hero, en la esquina famosa, solo había un globero, pero un globero que vale por cien: el PROFESOR, en mayúsculas. Sí señor, allí estaba, dando ejemplo de lo que es ser fiel a los colores y al club. Muchos en su lugar habrían desistido hace tiempo o, al menos hoy, habrían dicho:
—Hace mucho frío, no salgo.

Pero el Profe no. Es un tío criado en Vitoria y sabe lo que es el “bajocero”, así que este fresco matinal no le da ningún miedo. Bravo por el profesor, hoy sin alumnos en la parada.

Por el camino en dirección a Molina y Archena vamos navegando sin novedad, con un ritmo bueno que hace que los kilómetros vayan sumando, y así nos metemos por el camino de huerta del Llano de Molina, ese que le gusta tanto a Vicente, nuestro presidente jeje . Bueno, no, me explico… Normalmente meto las rutas por los sitios que conozco, sobre todo porque luego, si vienen las dudas o las pérdidas, todos me miran a mí. Pero vale, buscaremos otras maneras de llegar a Archena que no sean caminos tan tortuosos.


Yo, de todas maneras, hablando de caminos, a veces pienso que meterse por una general o una supercarretera va bien por un lado, pero por otro la fuerza y el ansia del grupo —o de los toros fuertes— hace que vayamos muchos resoplando y sin resuello. En cambio, ir por una carretera menor, con algún semáforo de vez en cuando, permite esas pausas que te hacen llevar la mañana un poco mejor. Supongo que más de uno me entiende. 

Al llegar a Archena comienza una de las partes más bonitas de la ruta camino de Ulea: la carretera del Balneario, una delicia con su bosque frondoso de ribera y esa carreterita que se va retorciendo entre el paisaje. Hoy no hemos metido la ruta por las huertas del norte por miedo a que estuvieran embarradas debido a las últimas lluvias, así que hemos ido por lo seguro. Al llegar a Ulea tomamos la carretera buena que sube por el Barranco Sevilla hasta la Venta Puñales.

En ese cruce, algunos compañeros que están en peor forma o con lesiones han dado la vuelta, y otro —el Profesor— ha decidido hacer una ruta por su cuenta y salirnos al encuentro. Este tío es un fenómeno.  

A partir de la subida al Barranco Sevilla, subida que siempre me ha gustado, pero en la que me quedé rezagado echando fotos del grupo, me tocó remontar. Lo hice a la rueda de Toño, que está más fuerte que el vinagre de Módena. Qué tío. El caso es que le pude seguir, pero me dejó las patas para tirarlas a la basura. Vaya bicharraco hemos fichado.


 

Cuando enganchamos la N-301 en la Venta Puñales, lo más adecuado habría sido organizar una meada comunal y el grupo habría ido mucho mejor. Pero primero uno, luego otro; se va un grupito por delante, esperamos al que falta, luego al otro… pfff. Y para terminar el desbarajuste, Isaac se va hasta la Venta del Moro… ¡y a Madrid llega si no lo llamamos! Vaya tela.

El caso es que llegando a Abarán parece que ya todos teníamos las necesidades hechas —¡menos mal!— y, a partir de ahí, la etapa tuvo un comportamiento más normal. La bajada a Abarán y el tramo hasta Blanca es muy chulo, acompañando al río Segura por una carretera en ligero descenso que se hace muy agradable. 

En Blanca no vemos la necesidad de parar: con el frío hemos bebido menos y, después de tantas interrupciones, no apetece hacer otra más. Además, ya se hace un poco tarde. Así que seguimos ruta por la carretera de Blanca, el Montecarlo murciano.

En la presa del Azud de Ojós sale “el tonto” de siempre a sacar la cabeza un poco, es decir, yo. Es un repechón que siempre me ha parecido mejor pasarlo rápido: se coge velocidad abajo y casi lo haces del tirón. Y ya está. 

Llegamos a Villanueva y cogemos la ruta del Mayés, una carretera estrecha pero preciosa en ambos sentidos. Hoy toca cuesta arriba, con unos repechos duros al principio donde los pura sangre han formado la escapada. A Román se le escapaba el autobús, pero ha sabido engancharlo y subirse en marcha. Le gusta esto más que a un tonto un lápiz 😄.

El grupo de los pata negra lo forman José de San José, el gallo kiriko, Toño “Pinchetonin”, JuanJe —hoy de servicio—, Lilo, que tiene un día bueno y otro también, Ángel de Valladolid, que ni sufre ni padece, y Román, la avispa que pica.

Por detrás, los muertos vivientes hacíamos lo que podíamos. Yo me aproveché del rebufo de Arusa y, sin prisa pero sin pausa, mantenía la distancia. Detrás, Zape hacía lo mismo conmigo y así, los tres, manteniendo distancias, íbamos cogiendo altura. Pero no es lo mismo ir delante que detrás, al menos psicológicamente, y al final el segundo pilló al primero y el tercero a los dos. Más o menos llegamos a la par. Luego fue llegando el resto de la comitiva, con el banquero gastando menos que nadie… así luego se enriquecen.

 

Solo queda bajar a Murcia. Lo hacemos por la carretera del trasvase y luego a Ceutí, un descenso rápido y limpio. Después el recorrido se vuelve más farragoso al pasar por las localidades y el Llano de Molina, pero bueno, se hace.

 

La última tachuela es la del Cabezo Cortao, donde el “Cámara” e Isaac imprimen un ritmo alto que hace que, al final, hasta pasemos calor. Y en esos momentos pienso que el grupo es bueno porque, tras más de 100 km por un recorrido que no es precisamente llano, aquí no se queda nadie. Así da gusto.

 

En definitiva, buena salida del primero Sábado del Año.

Frío, Gris, Duro.. pero bien resuelto.

https://photos.app.goo.gl/EgEXNgoAbk824PrT7 

 

https://www.strava.com/activities/16922437544 


A continuación muestra una versión de la IA que le ha dado un toqué épico. Como me ha gustado lo comparto con vosotros:

 

Crónica de una mañana gris, fría y gloriosa

Empieza un nuevo curso, el de 2026. Algunos, pese a los años acumulados, seguimos verdes en muchas cosas… aunque ya maduros en otras.
—¿He dicho Maduro?—. Ironías de la vida: llegar a casa y ver en la tele el derrocamiento del dictador venezolano. Un personaje oscuro, de esos que dejan huella negra en su tierra.

Pero hoy la historia no va de política, sino de bicicletas, frío y honor globero.

La mañana amanecía hostil. Fría. Gris. De ese gris plomo que no deja resquicio al azul ni a la esperanza térmica. Un frío serio, de los que hacen que más de uno renegocie planes, horarios o directamente se abrace a la cama. Hubo bajas, algunas previstas y otras inesperadas, pero los que estábamos sabíamos que la jornada no iba a regalar nada.

La primera noticia del día no fue internacional, sino doméstica: “Pinchetonin” estaba fuera de combate. O eso parecía. Toño Muñoz, nuestro nuevo fichaje, heredero espiritual —y casi nominal— del gran Antonio Muñoz, globero ilustre que este 2026 cuelga la bici del club. A Antonio lo despedimos con respeto, admiración y la puerta siempre abierta. Hay nombres que no se olvidan.

—Tío, tengo la bici pinchada, no contéis conmigo.

Duele escuchar eso cuando alguien llega ilusionado. Pero las gestas no se escriben con excusas. Le paso ubicación, le animo a intentarlo… y lo hace. Arregla, pelea y aparece puntual en el Palo McDonald’s. Primera victoria del día. Las grandes historias empiezan así.

Allí estaban también Román, inquebrantable desde el primer día; Espartaco, regresando de las fiestas; y un grupeto sólido, aunque con ausencias notables. Algunas entendidas, otras no tanto. El frío, juez implacable, había dictado sentencia para algunos. Se perdona: no todos los días se nace para sufrir.

Arrancamos por la Ronda Sur, charlando, respirando vapor, asumiendo que el día no iba a mejorar. El gris era absoluto, como si alguien hubiera decidido borrar los colores del mundo. Frío de no quitarse capas. Frío de apretar los dientes.

En la Hero, en la esquina sagrada, solo uno esperaba. Pero uno que vale por cien: el PROFESOR. En mayúsculas, como merece. Fiel a los colores, fiel al club, fiel a sí mismo. Criado en Vitoria, curtido en inviernos de verdad, este frío murciano no le intimida. Hoy no tenía alumnos, pero dio una lección magistral.

Rodamos hacia Molina y Archena a buen ritmo. Los kilómetros caen, el grupo fluye y nos metemos por el Llano de Molina, ese camino de huerta que despierta amores y odios. A veces las rutas no son solo técnica, sino filosofía: evitar grandes carreteras también es una forma de sobrevivir al grupo fuerte y llegar con dignidad al final.

Archena nos abre la puerta a la belleza. Camino de Ulea, la carretera del Balneario se presenta como un regalo: bosque de ribera, asfalto serpenteante y ese silencio que solo rompen las ruedas. No entramos en huertas por prudencia; el barro también gana batallas. Subimos por el Barranco Sevilla hacia la Venta Puñales.

En el cruce, los más tocados regresan. El Profesor toma camino propio para salirnos al encuentro. Hay gente que no entiende de rutas, solo de pasión.

La subida al Barranco Sevilla, siempre exigente, me pilla retrasado haciendo fotos. Toca remar. Remonto a rueda de Toño, que va como un misil. Está fuerte, muy fuerte. Aguanto, sufro, sobrevivo… y pago el precio. Las piernas arden. Bienvenido al club de los vivos.

En la Venta Puñales el caos se apodera del grupo. Paradas desordenadas, idas y venidas, uno que se adelanta, otro que espera… e Isaac, que decide explorar horizontes lejanos. Si no lo llamamos, conquista Madrid.

Reorganizados —y aliviados— llegamos a Abarán. Desde allí hasta Blanca, el Segura nos acompaña en una bajada noble, fluida, de las que reconcilian con el ciclismo. En Blanca no paramos: hace frío, hay retraso y ya hemos parado bastante. Seguimos. El Montecarlo murciano nos observa.

En el Azud de Ojós ataco el repecho como manda la tradición: rápido y sin pensar. Mejor así.

Villanueva nos da paso al Mayés. Carretera estrecha, preciosa y dura al inicio. Los pura sangre se van. Es ley natural. Román engancha el autobús en marcha: oficio y colmillo.

Delante, el grupo de los elegidos: José de San José, Kiriko, Toño “Pinchetonin”, JuanJe, Lilo, Ángel de Valladolid y Román. Por detrás, los supervivientes. Yo tiro de rebufo con Arusa; Zape hace lo propio conmigo. Tres cuerpos, una misma lucha, subiendo metro a metro. Al final nos juntamos. Nadie se rinde.

El descenso hacia Murcia es rápido, limpio, casi liberador. Trasvase, Ceutí, pueblos, llano… queda lo justo.

La última prueba es el Cabezo Cortao. Cámara e Isaac tensan la cuerda. Tras más de 100 kilómetros nadie se queda. Y ahí lo entiendes todo: este grupo es fuerte porque nadie abandona al compañero.

Primer sábado del año. Frío. Gris. Duro.
Pero glorioso.

 

 

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